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Placeres exprés

Los placeres exprés. Así de sencillo y qué bien suena ¿verdad? Y es que en mi empeño personal porque la vida sea para todos mejor he pensado que también puedo aportar mi granito de arena hablando de esas pequeñas cosas, a veces pueden parecer, insignificantes, pero que son capaces de hacernos muy felices. Y no es algo que me haya inventado. Es tan antiguo como la vida misma pero son personas como Elsa Punset las que no los recuerdan y hacen que reflexionemos sobre algo que debería formar parte de la enseñanza en los colegios. En su último libro El mundo en tus manos nos cuenta que un abrazo espontáneo, por raro que nos parezca, contribuye a hacernos un poquito más felices. De hecho se trata de un acto casi reflejo que hacemos cuando queremos celebrar algo, felicitar a un amigo o celebrar un reencuentro.

Las endorfinas que nos proporciona realizar actos sencillos pero placenteros son imprescindibles y deberíamos analizarlo al detalle para incorporarlas a nuestras rutinas diarias al igual que hacemos cuando el dentista nos recuerda la importancia que tiene lavarnos los dientes después de cada comida. Y para ayudaros hoy vamos a daros una pequeña lista de cosas sencillas que pueden convertirse en las píldoras de tu felicidad.

Disfruta de un buen abrazo. Cuando lo hagas en tu cerebro se pondrá en marcha un complejo proceso de neurotrasmisores que recompensan al sistema nervioso central a través de la dopamina, la sustancia que se asocia a la recompensa y que también se relaciona con las adicciones. Por fortuna hacerse adicto a los abrazos solo tendría consecuencias positivas.

Haz algo cotidiano como ordenar un cajón que siempre te trae de cabeza. Aunque parezca mentira el placer que proporciona deshacerte de esas cosas inservibles que llevan tiempo rondando y ver todo sometido a un orden casi disciplinario te hará sentir mejor.

Coge una onza de chocolate al que te llevas tiempo resistiendo y saboréala. Hay instantes que merece la pena estrujarlos y nada mejor que hacerlo con los pequeños placeres que nos proporciona el sentido del gusto.

Procura echarte una siesta de 20 minutos. Te ayudará a concentrarte mejor en la oficina y a ser mucho más creativo. Sabemos que no es fácil pero si te lo puedes permitir notarás sus beneficios de manera inmediata. Te animan y liberan endorfinas que te harán tomarte el trabajo de otra manera.

No te resistas a cantar bajo la ducha. Parece un tema muy recurrente pero cantar te hace sentir mejor y relaja. De hecho si cantas mientras te duchas o mientras estás en medio de un atasco conseguirás fortalecer tu sistema inmunológico porque consigues incrementar la inmunoglobulina que es la proteína de los anticuerpos y la hormona antiestrés. Además mientras cantas produces endorfinas . Tus pulmones reciben un extra de aire y se tonifican los músculos abdominales y el diafragma. Tomamos más oxígeno y conseguimos estimular la circulación sanguínea.

Haz ejercicio. Sal a correr, caminar, haz deporte. Además de los grandes beneficios que proporciona a tu salud física, tu estado mental lo agradecerá eternamente. Mejora tu  autoestima, disminuye el estrés, te ayuda a relajarte, disminuye la sensación de ira y, en general, incrementa tu bienestar general.

Sonríe. Hazlo cuando pides un café, cuando pides información en una oficina, cuando compras el pan. Podrás comprobar el efecto de respuesta que produce en la persona que la recibe y en ese instante de felicidad instantánea que provoca. Si además te ríes a carcajadas, con un vídeo divertido, un chiste o una situación graciosa que te pueda surgir, estarás moviendo 400 músculos y proporcionarás a tu organismo el mismo beneficio que si estuvieras haciendo 15 minutos de bicicleta.

Ponte un reto diario. A veces es aprender algo nuevo de vocabulario en inglés, o leer mientras esperas la llegada del autobús o subir las escaleras en vez de utilizar el ascensor. Si consigues cumplir pequeños objetivos estimulas ese subidón de felicidad inmediata.

Si lo pensamos bien, todos estos pequeños detalles son cuestión de actitud en la vida. Y es que dicen los expertos que el 50% de nuestra felicidad depende precisamente de nuestra actitud. Hay una parte de predisposición genética, de carácter o de las circunstancias que te rodean pero la otra mitad depende de ti mismo y puede mejorar o empeorar según como juzgues lo que pasa a tu alrededor, a los demás y a ti mismo. “Nadie nos enseña a reconocer nuestras emociones y mucho menos a gestionarlas. Esas situaciones desconciertan a nuestro cerebro. Por eso cuando hacemos algo los demás podrán acabar olvidando esa acción concreta pero jamás olvidarán lo que les ha hecho sentir.” Así nos lo cuenta Elsa Punset y hacia esta reflexión debemos dirigir nuestras acciones. Nada de lo que pasa a nuestro alrededor debe parecernos banal y, por supuesto, ninguna de nuestras acciones pasa desapercibida para nuestro entorno y para nosotros mismos.

Ahora es cuestión de re-aprender para poder introducir en nuestra rutina estos pequeños placeres exprés tan sencillos y a la vez tan descuidados en nuestra sociedad de prisas. Cuando se trata de ser feliz no hay que escatimar en esfuerzos y menos cuando hablamos de detalles que pasan desapercibidos a nuestro ojo humano y que, sin embargo, son tan reconfortantes. Como bien defiende la filosofía Mr. Wonderful, plántale un besazo a alguien majo, no dejes que nada ni nadie te ponga hoy de mala leche, pégate un bailoteo y por un día al menos deja de ser un cascarrabias. ¿A que no cuesta tanto? Abraza, sonríe, quiere, descansa, canta, saborea y, en definitiva, disfruta la vida.

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