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Mascarillas para la cara, las grandes aliadas

Hablamos de mascarillas para la cara. Es nuestro tema para hoy. Precisamente ahora que empezamos a preocuparnos por preparar nuestra piel para el invierno, ha llegado el momento de plantearnos qué tipo de mascarillas son las que mejor se adaptan a cada uno. Sabemos que su principal misión es la de introducir principios activos en nuestro rostro. Forman una especie de película o capa sobre la piel consiguiendo que el tratamiento que se acaba de realizar en cabina quede potenciado. Además, de manera paralela, los componentes que aporta la mascarilla llegan a las capas más profundas de nuestra piel de manera más segura y concentrada.

Los efectos que queremos conseguir son los que nos guían a la hora de elegir el tipo de mascarilla que debemos utilizar. Aunque también es cierto que todas las mascarillas por el hecho de serlo comparten algunas características comunes: proporcionar a la piel la hidratación necesaria y difuminar las arrugas. De hecho tienen un gran efecto que capta el agua de las células cutáneas y consigue de esta manera que aumenten su tamaño. Por eso, después de su aplicación el rostro se muestra más firme y redensificado.

¿Qué efectos podemos conseguir con las mascarillas para la cara?

Efecto Lavado. En realidad se consigue el mismo efecto que cuando utilizamos un aclarante para nuestra colada. Hay mascarillas que contienen caolín con el fin de absorber el exceso de melanina y se consigue, de esta manera, rebajar la intensidad de las manchas y zonas pigmentadas.

Efecto Renovación. Se eliminan las células muertas y se activa y acelera la renovación celular.

Efecto Lifting. La tensión que consiguen las mascarillas acaba provocando una tensión en los tejidos que ya sienten el efecto de la gravedad y el paso de los años. Con las mascarillas recuperan parte de su vitalidad y por eso, después de aplicarlas, la piel luce lozana y vital.

Efecto Hidratante. Unas de las principales virtudes de las mascarillas es la capacidad que tienen para hidratarnos. Ablandan el estrato córneo y de esta manera la piel puede recuperar, en parte, la capacidad para retener el agua, crear una capa de protección y, de esta manera, alisar y relajar las líneas de expresión ya que consigue difuminarlas.

Efecto Estimulación. Es lo que se consigue cuando retiramos la mascarilla. Se consigue producir una activación de los vasos capilares más superficiales. Ellos son precisamente los encargados de transportar los elementos que nutren nuestros tejidos.

Efecto Tensor. Se consigue nutrir nuestras células y mejorar la microcirculación sanguínea. De esta manera nuestra piel luce renovada por fuera pero, también, por dentro.

Las mascarillas pueden presentarse en forma de “tissue” que, después de estar impregnado de los principios activos, se aplica en el cuello y en el rostro. La otra opción es a base de aplicar el producto directamente y esperar a que se forme una capa uniforme que endurece hasta formar una mascarilla más o menos rígida.

¿Qué tipos de mascarillas para la cara podemos encontrarnos?

De barro. Son mascarillas con un alto contenido mineral. Cuando seca el producto absorbe la grasa. Por eso este tipo de pieles se ven realmente diferentes cuando se aplican mascarillas basadas en tierra o barro. Al secarse provocan un efecto tensor con muy buenos resultados.

De alginatos. Se trata de un tipo de algas que proporcionan una textura muy agradable, más plástica que el resto. Lo consiguen combinando el contenido de la mascarilla en agua y disolviéndolo hasta conseguir una textura homogénea. La sensación al aplicarla es refrescante y, pasados unos minutos, adquiere la forma del rostro en el que se aplica. Además tienen la virtud de poder reutilizarse al menos una vez más de manera muy sencilla. Te la puedes llevar a casa, guardarla en la nevera y aplicarla mientras estás relajada viendo la televisión. La sensación es realmente agradable y los efectos los notarás de nuevo sobre tu piel.

De gel. Su efecto es también de frescor y muy hidratante. En los centros de estética solemos aplicarlas en verano porque preparan especialmente la piel para el impacto del sol y del calor.

Térmicas. Endurecen y se retiran como si se tratara de una máscara rígida. Las pieles maduras son las que mejor se adaptan a este tipo de mascarillas porque provocan una elevación de la temperatura en la zona que prepara especialmente la piel para la aplicación de cosméticos.  Los principios activos penetran a la perfección y el resultado es realmente bueno.

Con film. Forman una película fina y semitransparente con efecto oclusivo que funciona muy bien cuando se quieren aplicar ampollas en tratamientos cosméticos. Tras la penetración de sus principios activos se coloca la mascarilla que provoca un efecto prácticamente hermético.

Con base de crema. Son las que solemos utilizar con más frecuencia porque son muy fáciles de aplicar en casa. Son muy fáciles de aplicar porque su textura es muy cremosa. Su retirada es igual de sencilla y se pueden utilizar directamente desde el envase. Después de pasados unos diez minutos es tan fácil como retirarla.

Caseras. Y no debes olvidar que existe una posibilidad cada vez más común aunque requiere un poco más de tiempo y paciencia ya que se trata de elaborarlas en casa. A mano tenemos infinidad de ingredientes en nuestra cocina que pueden proporcionar a nuestra piel vitaminas y propiedades que necesitan reforzar.

Lo que estás claro es que los beneficios de las mascarillas para la cara son infinitos y resultan ya un producto cosmético imprescindible para nuestra piel.  Tú, ¿con cuál te quedas?

Esta entrada tiene 2 comentarios
  1. Muy completa la información, no cabe duda que cuidar la piel a veces es todo un reto y aunque lo podemos hacer con hábitos muy sencillos la verdad es que no lo hacemos hasta que ya notamos un grave problema como es el acné o las manchas. Buena entrada. :v

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